Te explicamos la diferencia entre ahorrar e invertir, dos conceptos completamente vinculados cuyo elemento distintivo es el plazo de tiempo y el riesgo que asumimos para alcanzar los objetivos definidos. 

La primera y segunda definición de la RAE dice que ahorrar es:

  1. Reservar una parte de los ingresos ordinarios.
  2. Guardar dinero como previsión para necesidades futuras.

La clave está en que uno puede tomar la decisión de guardar el ahorro por ejemplo en una cuenta corriente o invertirlo en un producto financiero, como un fondo de inversión, con la esperanza de obtener una mayor rentabilidad, asumiendo un porcentaje de riesgo. La decisión depende de los objetivos para los que ahorramos,  del plazo que dispongamos para alcanzarlos y de nuestro perfil de riesgo.

De este modo, si nuestra meta es ahorrar para poder hacer frente a algún imprevisto o gastos extraordinarios planeados en el corto plazo, como puede ser la reparación del coche, un viaje, una reforma o la ortodoncia de un hijo, ese dinero tiene que estar disponible en cualquier momento. Dado que se trata de atender situaciones sobrevenidas o necesidades de la vida, el objetivo tendrá que ser la preservación de ese capital, por lo que lo idóneo es reservarlo en una cuenta corriente. La disponibilidad del ahorro es completa pero la inflación hará que con el tiempo el mismo ahorro se vaya depreciando.

Ahora bien, si disponemos de un horizonte temporal a partir de 3 años y nuestra meta es ahorrar para el futuro, para alcanzar objetivos como pagar los estudios universitarios de los hijos, comprar una segunda vivienda o disfrutar de la jubilación, no basta solo con ahorrar guardando el dinero en una cuenta corriente, sino que hay que poner a trabajar ese dinero, hay que invertir para poder conseguir esos objetivos con tranquilidad y fondos suficientes. En otras palabras, invertir el ahorro contribuye a maximizar la rentabilidad del dinero ahorrado a futuro. En todas las inversiones se asume un porcentaje de riesgo.

Si solo guardamos el ahorro en el banco no conseguiremos alcanzar esas necesidades futuras económicamente más costosas por dos razones. Una, porque el dinero en una cuenta se va depreciando por el efecto de la inflación; dos, porque si no rentabilizamos el ahorro será difícil acumular una cantidad elevada para financiar esos objetivos.

De esta manera, las necesidades a corto plazo se financian con ahorro sin invertir; las necesidades a largo plazo, con ahorro invertido. Dicho de otro modo: ahorra para imprevistos e invierte tu ahorro para el futuro.

Interés compuesto

Aterricemos los conceptos con un ejemplo. Imagina que quieres ahorrar 100.000 euros para complementar tu pensión de jubilación. Si todos los meses guardas dinero en el banco a razón de 100 euros al mes, necesitarías nada menos que 83 años para conseguirlo. ¡Toda una vida! Y esto sin tener en cuenta el efecto de la inflación: los mismos euros hoy no valdrán lo mismo el día de mañana. En cambio, si ese ahorro lo pusieras a trabajar en un fondo de inversión de renta variable, que es el activo por antonomasia cuando se invierte a largo plazo, conseguir el mismo objetivo podría llevarte la mitad de años, dependiendo de la rentabilidad ofrecida por ese fondo de inversión.

Además del buen hacer de los gestores del producto elegido, otro de los elementos que hacen crecer el ahorro invertido con el paso del tiempo es el interés compuesto, aquel por el que año tras año se van acumulando en el capital invertido los intereses generados haciendo que a largo plazo su efecto es exponencial.     

La clave está en el tiempo, el llamado horizonte temporal, convertido en el gran aliado de los ahorradores que invierten su dinero para alcanzar metas costosas.

El monstruo de la inflación

Como hemos visto, para alcanzar ciertas metas, la cuenta corriente no es el sitio más rentable. Por otra parte, hay que tener también en consideración la temida inflación, el principal enemigo del ahorro ya que reduce el poder adquisitivo con el paso del tiempo.

La inflación hace que el dinero pierda valor año tras año. Basta con pensar lo que cuesta hoy una entrada de cine y lo que costaba hace dos décadas. De tal manera que lo que hoy podemos hacer con 20.000 euros es mucho menos que lo que podíamos hacer 20 años antes.

Esto significa que a la hora de invertir hay que tratar de batir la inflación como mínimo, ya que ésta hay que descontarla de la rentabilidad obtenida.

Te invitamos a que profundices sobre el impacto de la inflación en el ahorro en esta otra entrada al blog en la que explicamos porqué hay que invertir batiendo el IPC

Ahorro periódico

Una variable que afecta a ambos conceptos es el esfuerzo. Toda meta requiere de un esfuerzo, y ahorrar lo es, ya sea tanto para conseguir objetivos a corto plazo, como a largo plazo. Disciplinándonos con ahorro periódico será mucho más fácil alcanzarlas.

Si por defecto automatizamos todos los meses una transferencia a la cuenta de ahorro, si es para necesidades a corto plazo, o a un fondo de inversión, si es a largo plazo, el sacrificio económico será mucho menor que si esperamos a conseguir una cierta cuantía con varias cifras para guardarla o invertirla. Con este último método, es mucho más fácil encontrar otras excusas para utilizar ese dinero para una finalidad distinta.

Es clave generar el hábito del ahorro para poder alcanzar esas metas, ya sea para imprevistos, como para el futuro.

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